miércoles, 8 de julio de 2015

Cómo los caramelos han ayudado a mantener las negociaciones nucleares sobre Irán

   cortesía de http://actualidad.rt.com/
La vida de los negociadores estadounidenses en el diálogo nuclear de Irán parece mucho más glamurosa de lo que en realidad es: algunos comienzan a verse "demacrados y con la voz ronca por hablar demasiado", al mismo tiempo que ingieren suficientes dulces y aperitivos "para alimentar a toda una fraternidad universitaria", sostiene la columnista Carol Morello.

"Las conversaciones tienen lugar desde hace un año y medio, por lo general, en impresionantes lugares de Suiza y Austria prácticamente invisibles para los negociadores, que pasan la mayor parte de su tiempo encerrados en habitaciones con las cortinas corridas o en habitaciones de hotel rodeados de documentos", escribe Carol Morello, corresponsal diplomática de 'The Washington Post'.
La columnista revela que a los negociadores estadounidenses les sirven "aperitivos suficientes para satisfacer a una fraternidad universitaria" y que desde principios de junio "se han comido 4,5 kilos de [caramelos] Twizzlers de fresa, 13,6 kilos de surtido de frutos secos, 9 kilos de queso en hebras y más de 200 Rice Krispies Treats [barritas de cereales de arroz y nubes]".
Además, destaca que estos han realizado al menos 69 viajes transatlánticos para asistir a los diálogos y que uno de ellos calcula que ha acumulado unas 400.000 millas en el aire, el equivalente a realizar la vuelta al mundo 16 veces. "Todos los miembros del equipo han celebrado al menos un cumpleaños en las negociaciones (...) y todos los del equipo negociador de EE.UU. han estado enfermos al menos una vez", afirma.
"A medida que la última ronda de conversaciones se retrasa más allá del plazo en su 11.ª sesión consecutiva (...) algunos negociadores están empezando a verse un poco demacrados y sus voces cada vez están más roncas por hablar demasiado", cuenta Morello, quien relata que a la pregunta de si las conversaciones podrían extenderse a lo largo del verano, uno de los negociadores respondió: "Dios, esperemos que no".

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