miércoles, 13 de julio de 2016

Hablemos de CONERI en la Habana


Santo Domingo. El primer viaje internacional realizado por la institución fue a la denominada “Perla de las Antillas”, La Habana. Mi motivación llegó al leer la obra “Cuba la Isla Fascinante” de nuestro afamado escritor Juan Bosh. Un grupo de jóvenes habíamos determinado hacer un viaje internacional con fines académicos y recursos propios. Mi propuesta inmediata fue La Habana.

La conocía sin haber ido. La descripción de Bosh era puntual, detalle a detalle, sus innumerables historias de piratas, bucaneros, comida, música, baile, los paisajes urbanos, el tabaco, el ron y su gente.

Realizamos las gestiones de lugar y programamos un pequeño curso corto sobre “La sociedad cubana, mujer raza y género, actualización al modelo económico, y el conflicto Cuba-EEE” en la Cátedra de estudios del Caribe en la Universidad de la Habana.

Viajamos vía Copa. El avión aterrizó a las 1:13 am en el Aeropuerto Internacional José Martí, el cual tenía un olor incomparable, fresco a ron, tabaco y café. Sus autoridades muy serviciales. Alguien ajeno al grupo vocifero mi nombre, a lo que no respondí, suerte que el actual Vicepresidente de CONERI me desentumedeció y volví a la Habana.

Había un vehículo dispuesto para nosotros, un señor muy solícito estuvo siempre apegado al grupo, nos ayudó en todo. Cambiamos algunas monedas y salimos rumbo al hotel, agotados. Las calles muy alumbradas y limpias.

Eran las siete de la mañana y ya estábamos tomando café habanero, en espera de nuestra amiga Milagros Martínez, quien era la encargada al igual que ahora de nuestra capacitación. La primera clase tuvo carácter reflexivo, se incluyó cultura general y algo de cómo manejarnos en dicha ciudad. “Asere, Qué Volá” “háganse pasar por campesinos de Santiago”, decía Milagros. Ya luego entendimos porque.

Perderse en la Habana es una maravilla, esa emoción la vivimos rumbo al local de clases, entre Séptima y Ocho en Miramar, nada que comparar con nuestros país, allí las calles son números y están en “Mojones”.

Comer en la Habana es un encanto, Ropa Vieja, moros y cristianos, congrí o una Vaca frita. Tomarse una cerveza Cristal o una Bucanero fuerte, mi favorita, no tiene precio y más si es ofrecida por nuestra amiga cubana con tumbao, Suzette.

"ASERE NO AFLOJE QUE TE CAE..."

Culminado el programa académico, realizamos algunas visitas culturales y académicas. Visitamos el museo Napoleónico, la plaza José Miguel Gómez, el memorial José Martí, la Plaza de la Revolución, tomamos un autobús por un costo de 5, 10 y 15 kilos (centavos), los carros costaban 10 pesos cubanos, nos descuidamos y llegamos a pagar 5 Cuc por persona un dineral allá, subirse en un carro de los 70’s un Almendrón, es como devolver el tiempo.


Recibimos las explicaciones de nuestro amigo y colaborador Pedro Ureña Rib, caribeñologo y además Ministro Consejero en la Habana, no hubo desperdicio, con él conocimos la Habana vieja, visitamos la bodeguita del medio, la  Catedral de la Virgen María de la Concepción Inmaculada de La Habana, cenamos en La Imprenta (Café Lamparilla) y por si fuera poco, nos ofreció un salcocho dominicano en su residencia, él nos llevó a ver un grupo de Son cubano en vivo, y a la casa del artista cubano José Fuster, inolvidable por sus inmensas obras y su casa conocida como “Fusterlandia” ubicada en Jaimanitas cerca del conocido Punto Cero, donde reside el ex presidente cubano Fidel Castro.

Bajar en un atardecer al malecón de la Habana, es encontrarse con el tiempo. La gente baja con guitarras, ron y cosas pa’ vende. El puerto recuerda el hundimiento del acorazado Maine o el tradicional trabucazo del Morro a las nueve de la noche.

El regreso, las despedidas, siempre están llenas de melancolías someras, lo mejor…lo mejor es recordar.

-Y como  diría un cubano:


Me Voy bajando

Andrison R. Sánchez
Presidente  Ejecutivo de CONERI

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